Mi hija soy yo

Al día trece me levanté de la cama, abrí las persianas y luego las ventanas. Como una bofetada en pleno rostro, una ráfaga de viento me golpeó haciéndome lagrimar los ojos. A pesar de mí misma, me recordó que mi cuerpo seguía demasiado vivo. Pese a que me negara a darle cabida, me atacaba con Lee más

Una rosa

Hallábanse el mar, el cielo con matices ocre como en un dibujo de acuarelas y un lecho de pasto suave donde poder echarse, enlazarse, darse besos y caricias. Pronto el parque del malecón se llenaría de parejitas deseando admirar el paisaje que otros días del año tal vez habrían ignorado o mirado distraídamente. Pero no Lee más

El café de los escribas

Lo observo desde mi mesa con el corazón estrujado contra el pecho como un canario en busca de una ventana. Estoy nerviosa porque sé exactamente lo que está por suceder, que esta vez no me echaré para atrás. Y para disipar definitivamente la sombra de esa tentadora posibilidad, me paro de pie. «Ya es demasiado Lee más

La mujer del trapecio

Mientras el sol se ponía, interpretando su ritual de despedida, Angélica salió a comprar pan para el lonche como todos los días. Se conocía de memoria el trayecto de su casa a la panadería y hubiera podido hacerlo con los ojos vendados. Por lo tanto, no prestó mucha atención a los carteles anaranjados con los Lee más

No me faltará el aliento

Desde el día en que llegué al mundo, la vida se me reveló en su esencia más brutal. No me mostró su faceta tierna ni me arrulló con dulces ilusiones, sino que me anunció sin tantos preámbulos que, para sobrevivir, habría tenido que luchar. Fui acogido como un corredor más en una gran carrera de Lee más

Una estrella que estalla

Fiona era una mujer de mediana edad y todo en su aspecto exterior tendía a vehicular una imagen austera que sin lugar a duda le pertenecía. Tenía anteojos de montura delgada y lentes ovaladas que solían reposar al borde de su nariz aguileña, dejando descubiertas unas pupilas que se dedicaban a escrudiñar el mundo con Lee más

Las escorias del pasado (Parte II)

Mi padre no pertenecía realmente a aquel mundo y terminó habitándolo solo por una voluntad de revancha, para rehuir la miseria en la que se había criado y demostrar que valía mucho más de las denominaciones con las que solían burlarse de él cuando era aprendiz. Sin embargo, el reconocimiento era suficiente para él, escuchar Lee más

Las escorias del pasado (Parte I)

Crecí en una familia como muchas más, compuesta por mi madre, mi padre y yo. Digo que se trataba de una familia típica porque hoy sé que las familias disfuncionales son numerosas y no esporádicas excepciones. En realidad, cuando era pequeña, no creía que la mía fuese una familia común y no pasaba noche sin Lee más

Una tórrida mañana

Era un día soleado y bochornoso de verano, y la familia Gonzáles transpiraba copiosamente dentro de su choza destartalada, cuya construcción tanto esfuerzo les había costado. La casa se erguía sobre una montaña de arena hirviente, flanqueada por muchas otras parecidas y atestadas de personas tan numerosas como hormigas en un hormiguero, o los granitos Lee más

Cartas, cabinas y vinilos

Mis padres se conocieron en la época de las cartas escritas a mano, las cabinas telefónicas y los discos de vinilo. La de los amores complicados y las distancias infranqueables. Cuando todo el curso de tu vida podía ser desviado por un teléfono que suena un minuto tarde, o por el descuido de un cartero Lee más