La justa medida

Se cruzan por las calles, hasta casi rozarse los hombros, pero sin cruzar miradas. Pisan la misma tierra, se sientan en el mismo pasto, y miran hacia el mismo mar mas no horizonte. Respiran el mismo aire contaminado y disfrutan del mismo panorama encantado, cuando el sol se suicida en las olas y con su Lee más

Juntos en el desayuno

Las cucharas de las que les quiero hablar pueden parecer corrientes a la vista, objetos sin relevancia y sin valor. Efectivamente, si ustedes son de los que hallan el valor en el precio de las cosas, entonces esas cucharas no tienen valor alguno. No tuvimos que desembolsar ni un céntimo por ellas. Las conseguimos gracias Lee más

El cochecito

Mercedes fue la primera persona que al llegar al edificio de la Calle Arévalo 262 me trató con amabilidad, y me hizo sentir ese calor humano que no pensé poder hallar en la ciudad. Pues la cantidad de gente que vive acá amontonada te lleva a detestarla o cuando menos a esquivarla como si fueran Lee más

La niña extranjera

Se quedó inmóvil frente a esa puerta ancha color crema un largo rato, antes de tener el valor de tocar. Escuchaba las voces agudas de los niños y la voz autoritaria de la maestra que intentaba callarlos, pero no podía distinguir ninguna palabra familiar. Trataba de separar algunos sonidos de esa bulla amorfa y atribuirles Lee más

Raíces

Cierro los ojos y lo veo frente a mí. Sus raíces vigorosas hundidas en el pasto húmedo, inmenso, su tronco elegante y estilizado, sus ramas que se elevan hacia el cielo como brazos de mendigos, y su copa majestuosa entre la que destacan los mangos maduros, pequeños soles luminosos. Qué curioso, hace tiempo que ya Lee más

El oro es el diablo

Poco ha cambiado desde la época de la colonización. El metal que provocó el exterminio de los pueblos indígenas en América latina durante la invasión del continente por mano de los españoles, hoy sigue causando miles de muertes. Por el oro, los españoles mataron a los antepasados de los peruanos; hoy los peruanos se matan Lee más

Reunión

No tenía idea de que mi papá conociera a tanta gente o, mejor dicho, de que conociera a tanta gente que lo apreciara. No paran de llegar. Caras familiares se mezclan con caras de desconocidos, y con caras desconocidas que, tras una palabra o un movimiento, se superponen a recuerdos lejanos y se vuelven familiares. Lee más

Heydy Germhana (Parte II)

Antes de pasar a secundaria, aprovechó las vacaciones de verano para ejecutar su plan infalible. La primera fase consistió en volar a la piscina pública cada vez que podía. Se quedaba horas remojándose, hasta que sus labios se volvían morados y sus manos bien arrugadas. Había oído, en algún sitio, que el cloro de la Lee más

Heydy Germhana (Parte I)

Le habían puesto ese nombre para que fuera claro y unánime que ella no era una indígena más del montón. El apellido, ese ya lo habían perdido hace cuatro generaciones, pero el nombre habría sido suficiente para reivindicar los orígenes europeos y ocultar esa piel que, generación tras generación, habiendo perdido su candor, gritaba todo Lee más

La profecía del enano

Ese enano había acertado en todo. Mi vida había sido un mar de lágrimas y había conocido el rostro escuálido y despiadado de la pobreza. Y no solo su rostro. De la pobreza conocía cada recoveco, me encontraba a su merced, envuelta entre su brazos delgados y podía contarle todos los huesos. Me abrazaba como Lee más